miércoles, 24 de agosto de 2011

lunes, 14 de marzo de 2011

El Peronismo. Opiniones varias.

El Peronismo según algunos autores

“El peronismo es la versión argentina del fas­cismo italiano. Confluencia de distintas formas de nacionalismo. Perón es el conductor, en el senti­do de Benito Mussolini, cuya personalidad y obra le mereciera marcada simpatía, llegando a decir que la imitaría en todo menos en sus errores. Su analogía proviene: a) de haber precedido la ac­ción a la doctrina; b) de los valores: orden, jerar­quía y disciplina, consustanciados con el sistema; c) de su negación del liberalismo y del marxismo; d) de la concepción del movimiento y de la na­ción, como un todo animado de una sola doctrina y con una sola voluntad, la del líder; e) de la ne­gación de la lucha de clases y la instauración, en el caso argentino de un modo gradual, del corporativismo; f) de la concepción expansiva de los fi­nes del Estado y la subordinación del individuo a fines objetivos como la grandeza y unidad de la nación; g) de haber extraído de la clase media sus elementos activos; h) de la racional explotación por medios técnicos de comunicación, del senti­miento religioso de las masas a fin de convertir a cada partidario en un creyente, al adversario en un hereje y al gobernante en un objeto de adora­ción y culto; i) de la apelación a la acción direc­ta, del desprecio por la democracia, la oposición y los partidos políticos."

Carlos Fayt. La naturaleza del peronismo. Buenos Aires, 1967.

“En ciertos ensayos se ve al peronismo como un subproducto criollo del fascismo italiano, nazismo ale­mán, o ambos en una suerte de totalitarismo autóctono. Muchos de estos trabajos, no aparecen ahora tan científicos y han pasado a engrosar los capítulos de la literatura partidista. Sobre este tema habría que pre­guntarse: ¿es posible que se pueda comparar los regí­menes fascistas o nazistas de Europa con el peronismo y otros fenómenos latinoamericanos? El fascismo es un fenómeno de un país industrial desarrollado; es provo­cado por una severa crisis socioeconómica; surge como respuesta a una clase obrera numerosa y organizada, y su apoyo masivo proviene de una pequeña burguesía y sectores medios politizados y atemorizados, construyen una alianza con los dirigentes de los partidos fascistas, las elites tradicionales de la banca, la industria, la buro­cracia y el ejército; es un régimen que asegura el domi­nio social y económico de la clase capitalista; es un régimen de terror que elimina todos los vestigios de la democracia; y emplea una política exterior agresiva y expansionista. Resulta claro que el peronismo no llena estos requisitos u otros similares. Las tendencias expan­sionistas del nacionalismo alemán e incluso italiano po­co tienen que ver con el nacionalismo populista de Pe­rón en un país periférico. El partido único totalitario no se dio en la Argentina como en Europa, si bien se coar­tó a la oposición, no se la eliminó del Congreso. Nun­ca se dispuso la disolución de los partidos opositores como en Italia o Alemania. El Partido Peronista nunca dominó a las Fuerzas Armadas, no creó milicias para contraponerlas con aquéllas (como si lo hicieron Hitler y Mussolini). El Partido Peronista se consolidó desde el gobierno, y el adoctrinamiento en las escuelas tampo­co estuvo a cargo del Partido Peronista, como sí ocurrió en Europa con el Partido nazi o fascista. Las relaciones del peronismo con el movimiento obrero es uno de los aspectos cruciales para matizar diferencias y explicacio­nes. La clase trabajadora urbana e industrial fue una de las bases de apoyo principales del peronismo, esto no ocurrió, tampoco en el fascismo o nazismo. Tampoco las precondiciones de una economía fascista se dieron en países como la Argentina por las restricciones del mercado interno. Finalmente, en la Argentina los movi­mientos estudiantiles y juveniles, pertenecientes a las clases medias no apoyaron al peronismo, como el caso del fascismo europeo."

Alberto Ciria, Política y cultura popular: la Argentina peronista (1946-1955). Buenos Aires, 1983.


"Es Perón el que aclara con gran precisión el sentido de su proyecto político. Apoyado sobre la masa popular, contando con las Fuerzas Armadas para resguardar el sentido del mismo, busca nacionalizar la econo­mía y realizar una política exterior independiente. Esta independencia recibirá el nombre de Tercera Posición. Desde ya que la economía exige una mejor distribución de la riqueza, lo que será designado a su vez, como jus­ticia social. Las medidas sociales se suceden con rapidez: el decreto sobre trabajo nocturno, el estatuto del peón, la declaración de los derechos de la ancianidad. Son estas medidas, entre otra muchas, prueba auténti­ca de la voluntad de realizar una política para el pueblo. Todo se hace con esfuerzo, con la resistencia cons­ciente de los sectores de la oligarquía, de los sectores medios, que hablan de dictadura, falta de libertad, tota­litarismo, instrumentados directamente por aquélla. La naturaleza va adquiriendo sentido popular, no un sen­tido por encima de las clases, sino en función de la política nacional que el peronismo está intentando. Por supuesto que el Estado peronista tiene su momento represivo, que no debe ser justificado. Pero es igualmente indudable que el terror y la violencia conocidos por el pueblo oscurecen aquella violencia, la minimizan. Por otra parte los sectores opositores nunca plantearon un enfrentamiento leal. Intrigaron, complotaron y mata­ron, si ello era necesario a sus intereses. La revolución nacional peronista en marcha generó nuevas formas de acción: de ellas surge la figura excepcional de Eva Perón, que comprende el sentido eminentemente social del movimiento, y crea la Fundación Evita, desde donde profundiza esa acción directa para el pueblo."

Rodolfo Ortega Peña y Eduardo L.Duhalde. La doctrina peronista: Una Argentina justa, libre y soberana. Buenos Aires, 1973.


"Desde 1945 la clase obrera argentina, en el nivel de actitudes y de conducta, pero sobre todo de conducta, acepta el sistema social imperante. Esto halla su expresión más visible en el apoyo de la clase obrera al peronis­mo, es decir, a un líder y un movimiento político vitalmente comprometidos en la conservación del orden so­cial capitalista. A esta característica la llamamos el conservadurismo de la clase obrera argentina. En la Argenti­na desde 1940 hasta 1955, la de los tiempos de peronismo, pareció que la población toda se tornase cada vez más próspera, pero en realidad el país se descapitalizaba velozmente día tras día, y mientras iba quedando sin medios de producción se atiborraba de heladeras, de telas y de pizzerias. En fin, el peronismo fue en todo y por todo el gobierno del "como si". Un gobierno conservador que aparecía como si fuera revolucionario; una política de es­tancamiento que hacía como si fuera a independizar a la Nación; y así hasta el infinito.En la clase obrera el "como si" dejó huellas profundas. El Estado peronista dio a luz una poderosa institu­ción sindical que parecía como si fuera un producto surgido del seno de la clase obrera; pero en realidad le ha­bía sido dada desde arriba, desde las cúspides del Estado, y desde allí era manejada. El peronismo incrementó la participación de los obreros en la renta nacional y pareció como si este y otros beneficios concedidos fue­ran conquistas obreras; pero en realidad la clase obrera los obtuvo sin lucha."Milcíades Peña. Industrialización y clases sociales en la Argentina. Buenos Aires, 1986.El peronismo constituye, sin duda, un caso de manipu­lación que, sin embargo, fue exitosa, pues logró proporcio­nar un grado efectivo de participación a las capas moviliza­das, aunque, por supuesto, absteniéndose de reformas so­ciales o en todo caso manteniéndolas dentro de límites acep­tables por los grupos sociales y económicos más poderosos. El peronismo representa un interés teórico extraordinario, pues fue iniciado y dirigido por un grupo de orientación de­finidamente fascista y nazi.(...) Lo que ocurrió fue que la ma­nipulación tuvo cierta reciprocidad de efectos. El peronismo difirió del fascismo europeo justamente en el hecho esencial de que, para lograr el apoyo de la base popular, tuvo que so­portar, de parte de su base humana, cierta participación efectiva aunque por cierto limitada. Es justamente en la na­turaleza de esta participación donde reside la originalidad de los regímenes nacionales-populares latinoamericanos.(...) Estos movimientos y los regímenes resultantes tienen un carác­ter autoritario. Según la versión generalmente aceptada, el apoyo de las clases populares se debió a la demagogia de la dictadura. Pues lo que tenemos que preguntarnos es en qué consistió tal demagogia. Aquí la interpretación corriente es la que por brevedad llamaremos del plato de lentejas. El dic­tador dio a los trabajadores unas pocas ventajas materiales a cambio de la libertad. El pueblo vendió su libertad por un plato de lentejas. Creemos que semejante interpretación de­be rechazarse. El dictador hizo demagogia, es verdad. Mas la parte afectiva de esa demagogia no fueron las ventajas económicas sino el haber dado al pueblo la experiencia (ficticia o real) de que había logrado ciertos derechos y que los estaba ejerciendo. Los trabajadores que apoyaban la dicta­dura, lejos de sentirse despojados de la libertad estaban convencidos de que la habían conquistado... Esta liberación era nueva para gran cantidad de trabajadores. El proceso de rá­pida industrialización iniciado al comienzo de la década del 30 había producido el trasplante de grandes masas rurales, sin experiencia política ni sindical, a las ciudades, particular­mente al Gran Buenos Aires. Para estas masas esta seudoli­bertad de la dictadura fue la única experiencia directa de una afirmación de los propios derechos."

Gino Germani, Política y sociedad en una época de transición. Buenos Aires, 1974.